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Todo está claro: Dios creó al hombre y lo dotó de vida abundante. Él no lo hizo como un robot para que lo amara y obedeciera siguiendo ciertos mecanismos establecidos, sino que lo dotó de VOLUNTAD PROPIA para elegir.
El hombre decidió desobedecer a Dios y como resultado, nos separamos de Él. La Biblia aclara: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor Nuestro.” (Romanos 3:23) No existen ningún tipo de obras que nos ayuden a acercarnos a Dios y remediar nuestra situación actual atada al pecado y destinada a la muerte eterna. Y ahí es cuando Jesucristo entra en el cuadro. Dios envió a su Hijo a morir en la cruz, pero la historia no acabó allí. Jesucristo resucitó triunfante, pagó la pena de nuestros pecados y estableció un único camino por el cual llegar a Dios. A nosotros nos toca DECIDIR si hemos de tomarlo. ¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Cuál camino elegiremos? ¿Qué requisitos tiene esta nueva ruta? La decisión más importante y trascendental de nuestra vida es decirle sí a Jesucristo. Y cambiará tu corazón y tu estado o condición para con Dios y experimentarás un cambio de objetivos; de culpa y condenación a absolución y aceptación. Un corazón nuevo. Una persona nueva. Una vida renovada. Después de escuchar los mensajes, te invito a reflexionar.
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